24 de julio 2022

Empujados por nuestro afán de buscar más tinta en nuestro pasaporte, de manera metafórica que estamos encantados con esto de no pasar control de fronteras, pusimos la diana en este pequeño país dado que no nos hacia desviarnos de la ruta. El resultado, un práctico camping cercano a la ciudad y un bonito paseo por la capital del Gran Ducado de Luxemburgo.

Sin resaca cervecera matutina por la excursión de ayer al Biergarten, un desayuno rápido y circulando que es gerundio. Luxemburgo nos espera a unos cincuenta kilómetros y hemos localizado en park4night, nuestra biblia de sitios de aparcamiento y pernocta, un camping a precio reducido (23 € con electricidad), que está bien comunicado con el centro de la ciudad. La llegada al nuevo país nos sorprende primero por el precio de la gasolina, el más bajo desde que dejamos Cataluña, curioso para uno de los países con la renta per cápita más alta del mundo. Y segundo por unos puentes para que los animales en libertad crucen las anchas carreteras. Desconocemos si lo utilizan, pero por lo menos tienen una opción si encuentran el camino.

El camping limpio, ordenado y con unas parcelas muy amplias. Pequeña tiendecita y bar para comer y beber. Hay un autobús gratuito que en fin de semana pasa cada media hora, y que en la misma franja de tiempo te deja en el centro, parada de Hamilius. De hecho, la apuesta por el transporte público es firme: modernidad, uso gratuito y frecuencia de paso elevada.

La ciudad nos recibe con poco movimiento por sus calles perimetrales, pero al llegar al centro se empieza a ver mucho turista. El puente de Adolfo que se construyó en 1900 tuvo el honor durante muchos años de ser arco de piedra más grande creado. Una pasarela interior permite el paso de peatones desde donde poder ver los jardines del Valle del Petrusse.

Luxembourg

En dirección contraria, pisamos asfalto entre plazas, palacios y restaurantes elegantes con las terrazas a la sombra repletas de turistas. El Chemin de la Corniche es una de las cosas más bonitas que ver en la ciudad, un paseo peatonal con excepcionales vistas del río y la parte baja de ciudad. El calor aprieta y el sol no da tregua, así que recibimos un pequeño bar improvisado a la sombra como un pequeño oasis en pleno desierto. Cervecitas artesanas y un rato de descanso.

Al final del camino el barrio de Grund, uno de los rinconcitos con más encanto de la ciudad. Caminamos por sus calles y vemos las Casamatas du Bock excavadas en la piedra. Galerías y túneles de uso militar que fueron utilizados para refugiar personas durante las diferentes guerras.

Paseando por los jardines, deshacemos el camino hasta un ascensor gratuito que nos devuelve a la parte alta de la ciudad. Acabamos de recorrer sus calles, antes de visitar un supermercado junto a la estación de autobuses y volver hacia nuestra pequeña gran casa rodante.

Seguro que el país tiene alguna cosa más, pero con este día en la ciudad ya nos vamos contentos. Nos ha gustado la parada, y creemos que si os viene en ruta y no tenéis unas expectativas demasiado elevadas, puede ser un buen sitio que visitar y aprovechar para poner combustible a vuestro vehículo.

También te puede gustar:

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.