23 de julio 2022

Cuando leímos que había una ciudad con un monumento al que llamaban la Puerta Negra, Tolkien nos guiñó un ojo mientras nos susurraba al oído la batalla final del señor de los anillos contra las fuerzas oscuras. Hoy no estamos para ir a Mordor que hace calor y nos pilla a desmano, así que, en una pequeña ciudad alemana fundada por los romanos, encontramos un sucedáneo en tierra vinícola. Porta Nigra es una de las puertas fortificadas de la ciudad Tréveris, una de las dos ciudades más antiguas de Alemania, junto a Augsbrugo. Tiene vestigios romanos en todos sus rincones, y guiados por la búsqueda de un área de autocaravanas junto a viñedos, nos hemos encontrado con uno de los rincones que más nos ha gustado de nuestra ruta.

Porta Nigra

La mañana se despierta con calma en Heidelberg, acompaña café y un desayuno de cuchillo y tenedor. Partimos en busca del rio Mosela sin un plan demasiado elaborado, pero con la idea de pasar la noche en un área junto a bar y bodega, y de paso ver alguna cosa por el camino. Nos pasa a menudo que la búsqueda de área con encanto nos lleva a rinconcitos especiales.

Mosel

El Mosela se deja ver y con él todo el verde de los viñedos en sus laderas. Tréveris, no mucho más tarde, nos sorprende por su dimensión y buscamos un aparcamiento para poder visitar el centro.  A medida que te alejas del centro el precio de la hora baja, así que encontramos un sitio amplio que nos sale a precio de saldo. Paseando por las amplias calles vamos viendo ruinas romanas hasta llegar al centro de la ciudad.

Treveris

Plazas y calles nos enganchan y seguimos paseando alrededor de la basílica de Constantino y la catedral de San Pedro. Quizás las nulas expectativas condicionan nuestro juicio, pero sin quererlo la ciudad nos ha cautivado.

La Porta Nigra, llamada así por el color de la piedra, nos sirve de colofón a este conjunto de monumentos que están inscritos en la lista de Patrimonio de la Humanidad. Orcos y trolls pocos o ninguno, así que no hay que desenvainar las espadas.

De vuelta, buscamos nuestra área objetivo y poder tomar un vino tranquilamente, pero no somos los únicos con la misma idea. Somos muchos más de los que cabemos así que decidimos buscar algún otro sitio donde poder acabar de disfrutar del día sin tener que pisar al vecino al salir del vehículo. Hay muchas áreas apetecibles en la zona y el lugar escogido es Riol, y una gran área junto al río que nos acogerá esta noche. Está bastante llena pero algún sitio queda libre.

Actividades acuáticas concentran al público casi en el mismo número que el Bieergarten. Nosotros después de ver alguna pirueta, nos decantamos por un par de cervezas de medio litro y alguna cosa para comer que se nos ha hecho tarde. Aquí puedes comer a cualquier hora y mezclarte con el público local para ir vaciando jarras hasta recogerte en tu casa rodante. No se si es la opción más saludable, pero creo que es una buena manera de conocer la cultura local desde cerca 😉

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