22 de julio 2022

Vinos y balnearios. El plan es de los buenos. Nada puede fallar. Bueno… quizás el calor haga algún estropicio a aquello que parecía una apuesta segura. Los vinos serán en otra ocasión, las aguas termales si no son frías no las queremos. Por suerte siempre nos quedará Heidelberg con su larga calle principal repleta de locales donde las cervezas te esperan bien fresquitas.

A pocos kilómetros de donde hemos dormido se encuentra Sasbachwalden, precioso y pequeño pueblo de casitas de cuento que está rodeado de viñedos. En el centro tiene un área de autocaravanas. En ella, ni una sombra. Quizás el plan hubiera sido aparcar el vehículo y combinar catas de vino y lectura. Pero dado el calor sofocante, nos conformamos con visitar este precioso pueblo y pasear por sus calles fotografiando sus casitas con entramados de madera.

Baden – Baden es la siguiente parada de la ruta. Pequeña ciudad balnearia dónde la burguesía europea acudía para descansar, y que actualmente tiene uno de los casinos mas lujosos del mundo. Visitar las termas de Caracalla, en honor, según dicen, del emperador romano que frecuentaba el lugar, parecía un buen plan, pero lo dejaremos para otra ocasión. Pasear por los jardines de Lichtentaler Allee, bien merece la pena haber venido.

Heidelberg nos espera con los brazos abiertos. Un área de pernocta fácil de encontrar junto a un bar con buena pinta. Estación de tranvía muy cerquita, y el centro de la ciudad en unos 25 minutos. Aunque es una de las zonas más calurosas de Alemania con un microclima particular, alguno de los tranvías no tiene aire acondicionado. Quizás se lo replantearán de cara a años futuros con esta ola de calor que azota media Europa.

Ciudad antigua enclavada en el valle de río Neckar, se construye entre rio y montaña por unas calles principales interminables. Aquí se construyó una de las primeras universidades de Europa y actualmente una de las más prestigiosas.

Pasear por el Altstadt, la parte antigua de la ciudad es recorrer unas calles paralelas al río. Plazas, edificaciones y al final la impresionante iglesia del Espíritu Santo (Heiliggeistkirche) esconden algunos de los tesoros de esta bonita ciudad.

El castillo en la ladera de la montaña vigila tus pasos, y des del puente del río Neckar tienes unas fantásticas vistas de este.

Nosotros nos perdemos entre sus calles, probando alguna cerveza y cenando en alguno de sus locales de la calle principal (Hauptstrasse). Nos gusta esta ciudad, seguro que volveremos en otra época para volver a contagiarnos de su carácter tranquilo y amable. ¡¡¡Hasta entonces, auf wiedersehen Heidelberg!!!

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