Quijote cabalga y Sancho a lo lejos intenta seguirle. Gigantes que se cruzan en su camino y sobre los que acomete una y mil veces. Nosotros en medio, apostados sobre una explanada de tierra que permite la pernocta frente a esos molinos que antes se tornaban gigantes. El bonito pueblo al fondo mientras el sol se pone. Los colores anaranjados sobre el Horizonte visten perfectamente el blanco de todas las edificaciones.

Un rato antes, los molinos de Consuegra también nos han recibido. Poca gente y un paseo a pie entre ellos. Precioso acompañamiento para una jornada fantástica. La cámara dispara sin piedad, y recuperamos instantáneas de todos los tipos y colores.

Molinos de Consuegra

Ya al atardecer, regresar a Campo de Criptana y pasear por sus calles. Buena cocina y difícil elección entre tanta oferta. Nosotros bebemos y comemos hasta reventar en una tasca perdida entre sus calles.

Sueño tranquilo con los molinos al frente que se iluminan por una luz indirecta. Temprano, las primeras luces del día se filtran entre una densa niebla. Un paisaje de película nos da los buenos días, mientras el sol acaba por desperezarse.

Quizás fuese el día, quizás sea siempre, pero este rinconcito de Castilla la Mancha nos ha enamorado. Volveremos y exploraremos la zona en profundidad, pero de momento las horas que nos acogieron se han convertido en uno de nuestros Golden Moments.


Dónde hemos dormido:

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